
Testimonio de la vida real. Déjate usar por el Espíritu de Dios. La importancia de evangelizar.
El siguiente es un testimonio de la vida real, la persona que Dios usó en este testimonio fue Cielo Díaz, integrante y asistente del ministerio Compartiendo El Pan de Vida.
En un día soleado de verano, me encontraba estacionada en un centro comercial en Kissimmee sobre la 192 o Calle Vine, cuando iba caminando hacia mi carro, pude ver sentada sobre el andén a una muchacha. La vi y proseguí a subirme al carro para irme, pero una voz dentro de mí me decía: “Entrégale un tratado”, yo hice como que no escuchaba y decidí prender el carro, cuando nuevamente la voz me decía: “Entrégale un tratado”. Ya sintiendo que era el Espíritu Santo el que me hablaba, pues saqué los tratados del carro y me acerque donde estaba la muchacha y le dije: Cristo te ama y quiero darte este tratado y si no tienes una iglesia donde asistir, yo te invito a donde yo asisto.
Ella me miró y con voz un poco ruda, más bien como de enojo, me dijo: “Si, yo sé que El me ama”. Tuvimos una pequeña conversación y luego me alejé. Normalmente asisto todos los domingos a la iglesia, pero ese domingo no pude asistir a la iglesia. Sin embargo, en la tarde llamé a una hermana, la que se encarga de las visitas y le pregunté si había asistido alguien nuevo al servicio, y efectivamente, esta muchacha fue con sus hijos.
Eso me emocionó porque confirmé que Dios tenía un propósito con esa persona. Ella había dejado un número de teléfono y yo inmediatamente la contacté y empecé a tener una comunicación con ella, que para los efectos la llamaré Rosa. Rosa estaba pasando por un momento bien difícil en su vida, estaba sola, embarazada y había tomado la decisión de abortar a su bebé debido a que ya tenía muchos hijos y su situación económica no le permitía criar a otro niño. Adicional a esto, el papá de su bebé había sido un hombre no significativo en su vida y ella tampoco estaba con él. Le dejé saber del pecado que iba a cometer abortando a su bebé y ella me dijo que entendía la situación porque había sido criada en la escuela dominical, pero se encontraba en un callejón sin salida. Después de discutirlo y hablarlo mucho, me preguntó, si era mejor darlo en adopción. Y yo le dije que sí, que era mucho mejor. Rosa empezó a asistir con sus hijos a la misma iglesia que yo asisto.
Un día Rosa me llamó y me dijo: “Estando despierta recostada en mi cama, tuve una visión, vi a una mujer blanca americana que se levantaba el cabello con sus dos manos, pude verla bien. Dios me ha puesto un nombre que voy a investigar por el Internet, de qué se. Efectivamente ella indagó y me dijo que se trataba de una compañía de adopción de niños. Rosa hizo una cita con esa compañía de adopciones y ahí le mostraron un álbum de fotos donde tenían muchísimos personas que estaban esperando por un bebé.
Mi nombre es Carmen Julia Rivera, pero todos me conocen como la hna. Julia.
En el año 1998 llegué a la ciudad de Kissimmee Florida, procedente desde Puerto Rico con mi esposo Lucas. Me convertí al Señor el 21 de Julio de 1976 y desde entonces aprendí a amar las misiones y lo importante de la labor misionera en la obra del Señor. Cuando salí de Puerto Rico fué concientemente bajo la voluntad de Dios y la aprobación de mi pastor en ese tiempo. Cuando llegué a la Florida visité una iglesia de la ciudad pero con la expectativa de que Dios me ubicara en el justo lugar donde El me quería, ese mismo año comenzaba una obra de habla hispana producto del ministerio de Radio y Televisión Compartiendo El Pan de Vida con el Dr. José A. Reyes y su esposa Olfa Reyes.
Un domingo visité la iglesia y ese día sentimos por el Espíritu, mi esposo y yo, que el propósito de Dios con nosotros se confirmaba allí. Desde entonces soy miembro de la iglesia, estoy como voluntaria en el ministerio y me satisface a lo sumo ver y palpar como éste gran ministerio a nivel mundial toca la población en Centro, Sur América, Norte America, Europa y Estados Unidos. Soy de las que piensan que si no puedes con tus pasos, puedes con tus pesos, y también aportando de tu tiempo en la obra.
Soy feliz de ser parte de ésta gran familia del Ministerio Compartiendo El Pan De Vida.
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